Aprender haciendo

“Lo que se oye se olvida,
lo que se ve se recuerda,
lo que se hace se aprende.”


CONFUCIO

¿Cuántas veces nos han explicado algo que se nos ha olvidado? ¿Y Cuántas veces se nos ha olvidado algo aprendido a través de una experiencia? Y si encima esa experiencia respondía a un interés propio, seguramente el aprendizaje haya sido cada vez mayor, impulsando nuevos aprendizajes y profundizando en nuestra curiosidad por aprender.

Hacer, equivocarse, volverlo a intentar, repetir la misma acción hasta perfeccionarla, estas son realmente las bases de cualquier aprendizaje significativo. Pero para que funcione, tiene que venir del niño y de su curiosidad por aprender. Y nosotros tenemos la oportunidad de avivar esa llama de curiosidad, para que siga brillando, cada vez más fuerte.

Nuestro cuerpo, a través de los sentidos, nos conectan al mundo que nos rodea y nos permiten explorarlo. En particular, las manos nos permiten tocar, experimentar y obtener información de todo lo que hay a nuestro alrededor. El movimiento de la mano también nos permite desarrollar la autonomía para hacer actividades diarias como vestirnos, lavarnos, peinarnos, limpiar, etc. Esta autonomía nos capacita a su vez a tomar decisiones, y esta toma de decisiones nos da la confianza necesaria para poder elegir. Elegir lo que nos interesa y lo que queremos hacer. Libertad para aprender cómo y lo que deseemos en cada momento.